Saturday, March 25, 2006

El conductor (6)

1(La siguiente escena está enmarcada por la forma del parabrisa de una camioneta ranchera modelo 93).

Quince minutos antes de escuchar el estallido del vidrio sobre su cara. Pensó en su hija. Ella sería una hermosa niña de 3 años, con pelo largo, enrulado, con un tamaño normal, con dientes de leche.
-No se le puede echar la culpa a nadie, hicieron lo posible, pensó.
Ese momento de su vida había quedado trazado profundamente, aún así, imaginaba a la niña, sin perder el control de sus lágrimas. Podía pensarla y manejar a la vez. Hacía este ejercicio para su dolor, que era, en el fondo, una conquista masoquista.
Cada momento de estos tres últimos años, habían sido lentamente trabajosos. Sesiones de charlas con especialistas (duraban una hora y media). Intentó calcular, en meses, cuanto sumaban esa hora y media, pero no lo consiguió, debía usar un lápiz, toda su atención y un papel. -Cuando llegue a casa...
La alegría volvía como una brisa, invisible y reconfortante. Hasta pudo silbar una canción.
El parabrisa está sucio de moscas ruteras, charcos secos explotados. Sin cuerpo, sin identidad, sólo lleno de huellas. Estas deformadas manchas intentan ser limpiadas por el agua que sale de la camioneta, que produce un barrial en degradé. Un arco iris de muertos.

2 (Ahora la imagen de la escena se abre, alejándose despacio toma el capot, una parte del volante, la mitad del tablero de luces y sus manos. Aunque siempre alineada al centro con el parabrisas).

Dobla en una esquina a la izquierda y pasan pequeñas luces dispersas. Dobla en la siguiente esquina a la derecha. De fondo sobre el ángulo inferior izquierdo (pegado al volante y a las manos que pasan) se ve la luz de un bar, se destaca en la oscuridad de las casas. El se distrae mirando la luz, pensando en su hija, mezclando pensamientos: enredados sentimientos encontrados. Las manchas en el parabrisas le causan tristeza.
Ese enmarcado de luz rodeado de casas oscuras lo hipnotiza, haciendo que su cabeza vaya girando hacia la izquierda, mirando esta luz, descuidando el frente, perdiendo la visión de la calle. Un auto azul sin luces, aparece por la imagen (derecha) del parabrisas. La cabeza vuelve violentamente, los ojos se achican, no hay lugar para nada, el seño se frunce, las manos intentan girar la dirección. Ese auto entra en un cono de exclusividad. Lo de más, está fuera de discusión. Todo queda sometido a un efecto óptico borroso, deformado y sin colores.
Las partes que tocan entre sí los vehículos se retuercen y se despintan. Lo que expulsa la esquina son sonidos de vidrios rotos, chapas encontradas y gritos. Que también tienen su correspondencia material de vidrios en pedazos, chapas dobladas y gotas de sangre.
Toda la gente dentro del bar iluminado giró la cabeza al escuchar las frenadas.
Ella en medio del bar emite un ¨ssss¨, segundos antes del choque.

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