Saturday, March 18, 2006

Callejones sin salida (4)

(Interior interior)
Al recuperar la respiración después de la primera explosión, ví que la luz de mi receptáculo era roja. El portalámpara color crudo. Pensé que algo crudo podía haberme llevado allí. Mi destino estaba echado. Mi condena declarada: esperar más o menos 20 minutos. Me acomodé y me dormí.
Los ojos cayendo y entrando, lentamente en la modorra.

(Entrada)
Kilómetros y kilómetros y kilómetros y kilómetros de dichondra muy constante. Claro, dunas tapizadas. Una persona parada buscando tréboles. El colectivo acercándome a la casa de mi amiga. ¿Querés tomar un té? El lugar es muy verde.
(Salida)

(Segunda entrada)
Manso el caballo del jefe que se deja tocar la cola, que se deja acariciar el pelo mojado transpirado. Me gusta tocar el pelo pegado a la forma como un hueso peludo.
(Salida)

(Tercer entrada)
Me caigo de una barranca, me caigo de una vaguada, me caigo de una cañada, me caigo de una baranda y mi cuerpo se deforma en sangre al llegar al piso.
(Salida)

De sobresalto un ruido de madera la despierta. Comienza la búsqueda del papel.

Corte (La imagen desde la lámpara del salón se acerca hacia la puerta del baño)



1 comment:

violeta said...

me gusta cada una de las modorras